Relato corto, Espero que os guste. Buenas noches!
Poco a poco me dejé llevar por el cansancio de la semana, el fresco de la noche y caí en un sueño profundo.
Cuando desperté era pasada la media noche, la calle estaba en silencio, y decidí irme a la cama. El viento era un poco mas fuerte que cuando me dormí, el sofá y yo estábamos cubiertos de hojas del árbol de enfrente. Cuando entré en la habitación noté que algo iba mal, los gatos estaban completamente erizados, nerviosos, mirando a la nada y maullando sin parar, entonces noté una pequeña brisa rozandome la nuca que me puso los pelos de punta.
Juraría que había cerrado todo al entrar, ya que parecía que por la mañana iba a llover. Volví al salón y empecé la ruta por la casa de nuevo, pero todo estaba cerrado, y admito que la actitud de los gatos me había puesto un poco nerviosa. Aún así decidí ignorarlo y me metí en la cama. Estaba intranquila y no podía dormir, cuando por fin (que ya estaba amaneciendo) consigo empezar a quedarme dormida, unos susurros provenientes de la nada me despiertan, no conseguía oír bien lo que decían, pero pegué tal salto a despertarme, que hasta los gatos, que seguían en la misma posición que cuando me acoste, también saltaron conmigo. Los susurro comenzaron a ser cada vez más fuertes hasta que se convirtieron en gritos, en aquel momento quise empezar a gritar, pero la voz no quería salir, mi cuerpo estaba paralizado hasta el más mínimo milimetro, no era capaz de reaccionar, la angustia, la ansiedad y la desesperación se abrían paso por todo mi cuerpo, pero presa del pánico no era capaz ni de mover las cuerdas vocales para emitir algún sonido.
Fui capaz, en algún momento, cuando aquellos gritos eran ya insoportables, de cerrar los ojos. Entonces me concentré con todas mis fuerzas en poder mover aunque sólo fuese un dedo; en el momento que fui capaz de hacerlo, aquellos gritos se fueron disipando en la madrugada. Volví a abrir los ojos mientras todo mi cuerpo salía de aquel el letargo en que se había sumido. Entonces comprendí que todo había sido una pesadilla; el cielo se estaba empezando a teñir de dorado, seguía tumbada en el sofá de la terraza, empezaba ha hacer calor. Mis pequeños amigos felinos dormían plácidamente en el salón, la gente empezaba a despertar y salir a la calle.
Decidí que no quería volver a dormir, me levanté, me bebí un zumo y salí a correr para descargar toda la ansiedad acumulada en el cuerpo y deshacerme de aquella horrible sensación que me dejó esa noche. Cuando volví a casa, me di una ducha, me preparé un café y ya más relajada, decidí que iba a pasar un gran día para olvidar todo lo sucedido.
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